viernes, 12 de abril de 2013

Crítica de la ensoñación pura


ORIGEN (Christopher Nolan, 2010)

Christopher Nolan ha demostrado con Origen cómo ningún guión es lo suficientemente complejo para no poder ser plasmado en imágenes. Su extraordinaria habilidad para bucear en la subjetividad –tanto la de los personajes como la de los propios espectadores: ahí está el mérito- quedó ya reflejada en Memento, pero es en esta película donde el cineasta da verdadero comienzo a su etapa “crítica” –valga el término empleado siglos atrás por Immanuel Kant-: un periodo de indagación incansable en los entresijos de la mente, del “yo” consciente e inconsciente, una travesía por el proceloso mar del subconsciente para descubrir las condiciones de posibilidad de toda ensoñación. 

Dom Cobb (Leonardo DiCaprio), un hombre para el que cada vez es más delgada y difusa la frontera entre el sueño y la vigilia, es un experto en adentrarse en las mentes de otras personas y robar sus ideas mientras estas duermen. Pero esta destreza no le será suficiente para su nueva misión: generar una idea en la mente de otro hombre. Cobb se verá inmerso en una odisea donde cada sueño es una ventana hacia el siguiente, cada vez más lejano de la realidad, pero más próximo a su identidad real. 

El abanico de temas esbozados por esta película es amplísimo. Destaco la sutil pero certera crítica que hace Nolan al ideal de vida que Dom y su mujer trataron de encarnar durante cincuenta años, antes de separarse para siempre. Una existencia fundada en la pura ensoñación, sin compromisos, sin responsabilidades. “En el mundo real teníamos que elegir, pero aquí no”. Sin embargo, Dom anhela pisar tierra firme, recuperar su “yo real”, aunque para ello tenga que reconocer que cometió errores. Y es que la conciencia moral es siempre sinónimo de realidad, de identidad. “La culpa siempre está ahí recordándome lo que es verdad”, admite Dom.


No hay comentarios: