martes, 31 de diciembre de 2013

"Yo ya soy libre"

POPIELUSZKO: LA LIBERTAD ESTÁ EN NOSOTROS (Rafal Wieczynski, 2009)

Popieluszko es un claro ejemplo de un cine que va mucho más allá de las fronteras del entretenimiento y la ficción. La cinta de Rafal Wieczynski refleja gráficamente la memoria viva del pueblo polaco, protagonista primordial de la caída del telón de acero. La estructura narrativa clásica se difumina para dar paso a un relato que, a pesar de seguir un orden rigurosamente cronológico –con sucesos y lugares debidamente señalados-, presenta un claro carácter fragmentario. Se trata de un rompecabezas que engarza con acierto ficción y material de archivo. La combinación resultante es una película donde la narrativa propia de la ficción cede paso al testimonio del hecho histórico. Este parece ser el objetivo de Wieczynski: hacer al espectador testigo de una vida digna de ser recordada.

Podríamos enmarcar a Popieluszko dentro de un estilo de hacer cine genuinamente polaco, iniciado por Andrzej Wajda con títulos imprescindibles como El hombre de mármol o El hombre de hierro. Al igual que Wajda, Wieczynski rebasa los parámetros de la crítica social para hablar de algunos temas de alcance universal que estuvieron presentes en la vida del sacerdote polaco Jerzy Popieluszko. Esta primacía de lo universal frente a lo particular es quizá más patente en Popieluszko. El paso de los años ha permitido al cineasta distanciarse frente a los hechos, una distancia quizá inasequible en las mencionadas películas de Wajda, filmadas antes de la caída del comunismo.

La libertad es el tema central sobre el que pivota toda la historia. El mismo título de la película es significativo al respecto: Popieluszko: La libertad está en nosotros. Jerzy Popieluszko era consciente de que la libertad exterior, reflejada en la libertad de culto o en el derecho a crear sindicatos libres, precisa de otro tipo de libertad que la fundamente. Una libertad radical, inherente a todo ser humano, una libertad interior que nadie puede arrebatar al hombre. En una escena de la película, un matrimonio anciano conversa con el sacerdote. “Esperemos, padre, que lleguemos a ver la libertad”, le dicen. “Yo ya soy libre”, responde Popieluszko. 

Su compañero de celda pide a Popieluszko que le confiese
El compromiso por una causa es otro tema de gran peso. En este caso, se trata de un compromiso llevado a sus últimas consecuencias. Popieluszko sabe que, tarde o temprano, la
lucha por la libertad le acarreará su propia muerte. Es consciente y, por ello, desea que, del mismo modo que él muere como testigo –mártir- de esa libertad radical –fundada a su vez en la persona de Cristo-, haya a su vez alguien que sea testigo de su entrega hasta el extremo. Este es el sentido de que, en una escena de la película, el sacerdote pida a un grupo de monjas que recen para que haya un testigo en el momento de su muerte. La cinta de Wieczynski hace que el espectador, al finalizar la película, se sepa testigo de algo misteriosamente verdadero.

La historia de cada mártir cristiano presenta siempre un curioso parecido con la misma vida de Cristo. El caso de Popieluszko no es una excepción. Quizá la semejanza más destacable sea esa que, persistentemente, se repite en cada martirio: Popieluszko muere perdonando. Sabe que sus mismos asesinos son merecedores de esa libertad radical por la que él entrega su vida. Este hecho es el que marca la diferencia, pues hace que Popieluszko no sólo sea un héroe polaco, sino un referente universal, pues la razón última de su vida fue la lucha por aquello que define al hombre de modo más propio: su libertad interior.

No hay comentarios: